Σκύλος (skýlos)
Grecia y los perros son dos conceptos indivisibles, como lo serían el apio en un Bloody Mary hecho como Dios manda, o la cebolla en una tortilla de patata para cualquiera que no necesite —o merezca— asistencia psiquiátrica urgente, o la horca, o ambas, incluso varias veces. Σκύλος, perro en griego. Pero su verdadero significado difícilmente podría condensarse en una sola palabra. Los antiguos griegos estaban convencidos de que los perros no eran simples animales. Eran guardianes, compañeros y criaturas capaces de percibir aquello que escapa a los ojos humanos. Veían en ellos unos sentidos capaces de alcanzar una parte de la realidad inaccesible para nosotros, una que, aun sin comprenderla, intuimos imprescindible. La mitología griega está plagada de pasajes tan esclarecedores como conmovedores. Argos esperó durante veinte años el regreso de su dueño, Odiseo, para convertirse en el único capaz de reconocerlo a su vuelta, disfrazado de mendigo. Cumplida su última misión, murió en paz. A ...